De Viajes y Recuerdos…
(Wow, este ha sido el mayor lapsus entre un post y otro en toda la vida del Blog… la razón? Mayoritariamente flojera, las “vacaciones”, y una serie de otras situaciones que me han alejado del lado creativo… pero bueh ya volví y eso (YO) es lo importante)
El otro día me puse a leer “Pasajero en transito”, un muy agradable libro escrito por Eugenio Szigethi, papá de mi buen amigo Jaime. Y de lo leído, algo me quedo rondando… una de esas ideas que se adhieren y que como un prisma, tiñen todo lo que uno hace y piensa.
Esta idea es el placer de viajar, pero no en el sentido de moverse de un lado a otro, no de llegar del punto A al punto B, ni de conocer algo nuevo… sino el recorrido como valor en si mismo. Y eso me recordó la infinidad de veces (en realidad son muchas) en los que todos mis amigos y conocidos me han alegado por mis intenciones de caminar de noche, de vuelta de alguna salida a mi casa. Y es que, para mí, es un placer poder estirar un poco las piernas mientras recorro las conocidas (o desconocidas) calles de Santiago. Me fascina esa hora nocturna donde la ciudad parece dormir completamente, donde las calles parecen querer que las luces se apaguen y descasar placidamente hasta la mañana… es un Santiago distinto el que se recorre, pues aunque se visitan calles conocidas, la noche las cambia y las modifica en un millón de detalles, las hace nuevas… y la oscuridad, con sus sombras y recovecos, hace que todo el paisaje reaccione al estado de animo. Solo caminen una noche después de pasar un momento feliz, y verán como todo parece ser agradable, desde el viejo árbol hasta los nuevos edificios. Caminen una noche con susto, y cada persona que se encuentren, cada sombra en la calle será un nuevo terror oculto, listo para atacar.

Además, no hay nada que me sirva más para calmar y ordenar, los a veces turbulentos, pensamientos e ideas que tengo, que una buena caminata. Quizás es el agradable silencio de los durmientes (un regalo en una ruidosa ciudad como Santiago), pero con cada paso y con cada cuadra que recorro, logro entender un poco más de lo que pienso y de lo que siento. Y no solo eso, sino que también me acerca también a esos recuerdos de los viajes al sur con mi abuelo (Tata) y mi abuela (Keka), en donde el objetivo (llegar a Chiloé) se mezclaba con el recorrer y conocer todo el camino que había desde Santiago hacia el sur, ojala parando en cada pueblo, en cada lugar bonito… siempre con las cámaras y la vieja camioneta a cuestas, donde (sin necesidad de carpas o de hoteles) dormíamos, cocinábamos y conversábamos los tres.
Quizás el viajar (para mi) no signifique salir fuera lo usual o conocer algo nuevo, sino simplemente aprender de lo que sabemos, redescubrir lo que creemos conocido, y como bien dice el tío en su libro “(seguir) sumando recuerdos, como millas, en mi cuenta de viajero”.
Saludos a todos!
Nacho!
“Worn out places, worn out faces / Bright and early for their daily races”